LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL DE COLOMBIA A LA LUZ DE LA COYUNTURA INTERNACIONAL

por Camilo Espitia

La amenaza imperialista de EE. UU. y los avances de la derecha abiertamente radicalizada en América Latina y el Caribe contribuyen a perfilar más claramente los bloques antagónicos enfrentados en la coyuntura presidencial colombiana, representados por el candidato de izquierda-progresista, Iván Cepeda, y los candidatos de ultraderecha, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia

Silueta de grupo de personas caminando y en el fondo un mapa del mundo

Diario las Americas

Impactos de la coyuntura internacional

El mundo se encuentra atravesado por la crisis civilizatoria. La guerra, el bajo crecimiento económico, la creciente concentración de la riqueza y el ingreso, el incremento de la desigualdad, el retroceso de la lucha contra la pobreza son expresiones de esa crisis. También lo es la transición hacia un orden geopolítico multipolar que arrebata la preponderancia estadounidense del último siglo. Ante este panorama, los EE. UU., encabezados por Trump, buscan ocupar un lugar primordial en el nuevo orden geopolítico mediante presiones económicas y políticas, operaciones militares y guerras en territorios estratégicos como Venezuela, Cuba, Irán y Palestina en beneficio de sus intereses imperialistas.

A su vez, las contradicciones del orden social capitalista y la erosión a la hegemonía neoliberal provocada por movimientos sociales y gobiernos de izquierda, han conducido a una parte de las clases dominantes a optar por opciones reaccionarias o neofascistas. Estos proyectos políticos pretenden gestionar la crisis conservando y profundizando la explotación y dominación capitalista, recuperando valores conservadores, reprimiendo las expresiones sociales críticas y quebrando los límites de la democracia liberal. Trump en EE. UU., Meloni en Italia, Bukele en El Salvador y Milei en Argentina ilustran esa tendencia.

Bajo este escenario global, América Latina y el Caribe se sitúa como una región de disputa geopolítica, en tanto todavía es vista por las clases dominantes de los países centrales capitalistas como una dispensa periférica de materias primas y recursos estratégicos. La intervención de Trump en la política interna de estos países ha favorecido a la ultraderecha en las elecciones parlamentarias argentinas y las presidenciales de Ecuador, Honduras y Chile.

En contraste, Brasil, México y Colombia, tres de los países más importantes de la región, constituyen a la vez su eje alternativo más fuerte. La posibilidad de seguir cimentando modelos alternativos al capitalismo depende, hasta cierto punto, de que los gobiernos de izquierda progresista existentes resistan a las presiones imperialistas y derroten a la ultraderecha en las urnas, en las instituciones y en la movilización. Esa lucha debe alimentar el núcleo fundamental de una apuesta estratégica de transformación social: la profundización de las agendas de cambio y la consolidación de proyectos nacional-populares e integracionistas.

Operaciones militares estadounidenses en Venezuela

Foto: El Tiempo

La elección presidencial de Colombia

En ese marco, las tendencias de la coyuntura internacional contribuyen a perfilar con más claridad los bloques antagónicos que se disputan el país. Por un lado, un bloque de izquierda-progresista con significativo respaldo popular y el apoyo de algunos sectores tradicionales, representado principalmente por el Pacto Histórico. Por otro lado, un bloque conservador de tendencia ultraderechista, cuyo liderazgo es disputado entre el uribismo y el proyecto del candidato Abelardo de la Espriella. Todo esto ha atraído al “centro” hacia uno de los bloques o ha dejado descolocadas a las expresiones que no se suman a ninguno.

En consecuencia, las posturas de los bloques políticos se han radicalizado, aunque eso no impide acercamientos con sectores ajenos a estos bloques. La izquierda-progresista, con acentos más coherentes y algunos cambios, ha persistido en la agenda de reformas del gobierno de Gustavo Petro. Allí se inscribe la definición de la Mayora Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial del candidato Iván Cepeda, ambos adscritos al Pacto Histórico. La elección de la senadora y lideresa indígena caucana como candidata vicepresidencial es indicativa de la atracción y movilización popular que se propone la campaña de Iván Cepeda.

A su turno, las derechas juegan con dos apuestas de cara a la segunda vuelta presidencial, escenario eventual de unión y reforzamiento de la tendencia ultraderechista en su bloque, incluyendo el completo alineamiento a Trump en política internacional. Así, se encuentra la ultraderecha descarnada de Abelardo de la Espriella con un discurso agresivo contrapuesto al del Pacto Histórico y cuya intención es seducir a diferentes expresiones de la oposición. Esto le fue útil para nombrar a José Manuel Restrepo -exministro de Comercio y de Hacienda de Iván Duque- como candidato vicepresidencial.

Por otra parte está la ultraderecha maquillada del uribismo, que impulsa la fórmula Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo como una opción supuestamente más moderada, que busca persuadir al amplio espectro de derecha y “centro” descontento con el actual gobierno. Es bochornoso que el uribismo, la expresión más representativa de la ultraderecha colombiana, se presente a esta elección presidencial como una opción de “centro”. Si es por Juan Daniel Oviedo, ligado por lazos íntimos al bloque conservador y neoliberal, su carrera política y tecnocrática está estrechamente vinculada al uribismo y ahora renuncia a las históricas reivindicaciones del movimiento LGBTIQ+.

Así pues, la relación de fuerzas de la coyuntura electoral colombiana está sumamente tensada por el antagonismo entre el bloque de izquierda-progresista y el bloque conservador de tendencia ultraderechista. Esto se reafirma al observar la incidencia en el país de las presiones imperialistas de Trump, el avance de la ultraderecha en la región y las posibilidades de los proyectos transformadores en América Latina y el Caribe.

Imaginar-haciendo

Obreros pintando el mundo multipolar

Instituto tricontinental

La elección presidencial de Colombia se inscribe en una coyuntura global de radicalización de los conflictos internacionales y de la lucha de clases en Nuestra América. Una etapa crítica en la cual se refuerza el antagonismo entre proyectos transformadores y propuestas regresivas. Por tal motivo, para muchos pueblos, comunidades y organizaciones comprometidas con la transformación, este escenario convoca a la movilización -no exclusivamente electoral-, del movimiento social y popular a favor del proyecto que busca defender y profundizar los cambios.

Avances sociales como el aumento superior al 30% en términos reales del salario mínimo, la reducción más alta del desempleo en este siglo del 8.8%, la relevante reducción de la pobreza, las cifras históricas de formalización y entrega de tierras, así como la conquista y recuperación de derechos laborales renuevan la esperanza y elevan las expectativas en múltiples sectores de la sociedad colombiana.

Por esa razón, los barrios populares y las comunidades rurales campesinas y étnicas son espacios estratégicos de la movilización electoral. Es allí donde puede explotar la imaginación política popular, combinando repertorios de acción colectiva con actividades de campaña, mediante mítines, ollas comunitarias, caravanas populares, mingas, apuestas artísticas, picados de micro y conversas. Tener en el centro a las masas populares es la llave que abre la puerta de la victoria para Iván Cepeda y Aida Quilcué.

Referencias

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