FRAUDE INTERPRETATIVO
Colombia acaba de vivir una de las segundas vueltas presidenciales más ajustadas de la historia. El conteo preliminar dio 49,66% para A.D.L.E frente a un 48,70% para Cepeda, una diferencia de menos de un punto*. Continúa un proceso de escrutinio en las próximas semanas, analistas, abogad@s y politólog@s nos van a contar cómo se define este panorama electoral.
El sistema electoral colombiano tiene controles robustos: la Registraduría, la Misión de Observación Electoral, los testigos electorales, las comisiones escrutadoras: todo un andamiaje para que nadie altere un E-14. Manipular una urna en Colombia, es difícil, costoso y arriesgado. Por eso tenemos todo un rito alrededor de las elecciones: comenzamos por no reconocer el preconteo, se denuncia fraude, se desmiente, los organismos de control confirman que las cifras en un alto porcentaje cuadran, y la opinión pública sigue discutiendo estos números.
**Hagámonos una pregunta metodológica para estos análisis: ¿con que información, con que miedos, con que relato llegó el votante a esa urna? Ahí está la disputa fundamental que perdemos de vista en cada escrutinio. Ya no se roban votos masivamente, más bien, se construye una serie de relatos donde se emite ese voto. **
Pero hay un nivel más sutil, que no tiene que ver con quien manipula el relato sino con nuestra interpretación. Cuando se cierran las urnas comienza el ritual de leer el mapa: "este departamento es de izquierda, este de derecha, el sur de Bogotá siempre vota así". El error ahí es tratarlo como explicación suficiente, como si bastara con ubicar un lugar en el mapa para entender por qué votó como votó. Propongo llamarlo fraude interpretativo: pues, no consiste en alterar votos, sino en alterar su significado, dándole al territorio el lugar de causa final cuando en realidad es apenas el punto de partida. ** El territorio organiza posibilidades: concentra relaciones sociales, trayectorias de clase, memorias políticas, experiencias concretas con el Estado. La campaña, después, interviene sobre esas posibilidades: les habla, las activa o las ignora. Y el voto, al final, es el resultado de ese encuentro entre lo que el territorio hacía posible y lo que la campaña hizo con eso**. Dussel insistió en algo parecido: ningún sujeto puede entenderse por fuera de su situación concreta. Pensar una comunidad sin su contexto, sin esa relación específica con el poder, es convertirla en abstracción.
Revisemos un par de ejemplos, 2022 y 2026, no anécdotas. Un primer nivel de análisis, detecta un cambio de orillas donde en 2022, el 16% de los puestos donde ganó Petro corresponden a estratos 3 y 4; en 2026 Cepeda retuvo 13% de ese tipo de puestos. En el lado contrario, Hernandez había ganado en 2022 apenas un 12% de los puestos de clase media; en 2026 A.D.L.E ganó en el 23%***. Este dato territorial confirma que algo se movió en la clase media. Pero no explica por sí solo por qué se movió. Para eso hace falta el segundo momento del análisis: qué le dijo cada campaña a ese segmento, y qué encontró del otro lado.
Bajemos de escala sin soltar esa pregunta. En las localidades bogotanas de Antonio Nariño y Puente Aranda —zonas de estratos 3 y 4—**, Cepeda cayó frente al desempeño de Petro en 2022, y la caída más fuerte se dio en Antonio Nariño, que pasó del 47% al 40%. Es necesario reconocer la causa: si la campaña tuvo menor capacidad de interpelación en ese segmento, si el relato del cambio dejó de resonar ahí, o si otro factor pesó más. Lo que el resultado permite es inferir una receptividad parcial, no afirmar un mecanismo cerrado. La pregunta metodológica útil no es por qué "ganó el fascismo" ahí, sino qué le dijeron las campañas a esa clase media y qué le preocupaba en ese momento concreto.
En el sur de Bogotá Cepeda igualó o superó a Petro, pues el voto tuvo un crecimiento del 68% a 70% ****, y aumentó incluso donde antes era débil. Ahí el relato se conecta con la clase popular, con la misma intensidad de siempre. La diferencia entre Antonio Nariño y Puente Aranda no es solo geográfica, es de mensaje y receptores de campaña. A quien le habló cada campaña y que se encontraron del otro lado.
En el sur de Bogotá, en cambio, Cepeda igualó o superó el desempeño de Petro, incluso en sectores donde antes era más débil. **El territorio ahí también es punto de partida, no respuesta final: concentra una memoria popular, una relación distinta con el Estado, una trayectoria de clase distinta a la de Antonio Nariño. ** Lo que el dato sugiere, sin cerrarlo como hecho probado, es que en ese territorio el mensaje encontró mayor receptividad. **La diferencia entre un caso y el otro no es solo de clase ni solo de geografía: es de cómo el territorio organizó esas posibilidades y de qué hizo cada campaña con ellas. **
El resultado electoral es la huella de ese cruce: territorio, campaña y relato recibido en un instante preciso. Por eso cada elección territorial nos enfrenta al mismo muro cuando construimos la lectura con los datos de la elección anterior: esos datos describen cómo votó esa comunidad hace cuatro años, no quién es el votante hoy. El análisis electoral debería seguir esa secuencia —contexto territorial, campaña, encuentro— y leer cada elección como un acontecimiento situado, con su propio relato y su propio momento.
- https://resultados.registraduria.gov.co/v2/resultados/0/00/ ** https://observatorio.registraduria.gov.co/views/electoral/historicos-resultados.php ***https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/giro-electoral-en-bogota-de-la-espriella-se-quedo-con-la-mayoria-de-votos-de-la-clase-media-en-la-primera-vuelta-la-misma-que-gano-petro-en-3562451 ****https://www.infobae.com/colombia/2026/06/03/elecciones-presidenciales-2026-este-es-el-mapa-por-barrios-de-bogota-tras-la-victoria-de-abelardo-de-la-espriella-en-primera-vuelta/

