EL DISCURSO PERIODÍSTICO COMO HERRAMIENTA DE POLARIZACIÓN ELECTORAL: EL EXPERIMENTO DE LA REVISTA SEMANA
Foto: Revista Semana Digital
Tras un año y medio del lanzamiento de una candidatura que oscilaba permanente entre lo cómico y lo heróico la jugada no cuajó, y hoy Vicky Dávila parece configurarse como un personaje secundario en el amplio espectro de la derecha coalicionada detrás de las figuras de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.
Sin embargo, el hecho continúa siendo relevante por sus consecuencias a mediano y largo plazo. Pese a la notable pérdida de influencia y el escaso margen de negociación de la periodista-candidata, el desenmascaramiento de Vicky nos habla de la reconfiguración de las fronteras entre el periodismo y la política. Y las batallas políticas se miden a largo plazo. Así mismo, los actores políticos se estructuran en bloques, no en individuos aislados -aunque a veces lo parezca-, y cada acción renueva las reglas de juego.
La candidatura de la exdirectora -y ahora excandidata-, emergió como un acontecimiento discursivo, un hecho político que, por su excepcionalidad, desafía las reglas sociales de producción y circulación establecidas hasta la fecha. En los últimos 30 años, el periodismo colombiano había logrado construir una imagen de serenidad y distancia, aparentemente objetiva, que parecía atenuar la radicalidad de las posturas en un país dividido que no logra superar el flagelo de la guerra y la violencia armada.
La Revista Semana, por el contrario, se reinventó en los últimos años como una plataforma de oposición. La animadversión hacia todos los sectores reconocidos por el medio como “la izquierda”, tanto nacional como internacional, se tornó explícita y el medio optó por la radicalización programática, ideológica y afectiva de las audiencias en dos bandos mutuamente excluyentes. Revisaremos en tres escenas los rasgos polarizantes de la candidatura, el papel de la revista y sus consecuencias inmediatas.
Primera escena: la heroína y el persecutor
Foto: Revista Semana Digital
La construcción heroica, el camino del héroe o la heroína, es una estructura narrativa comúnmente reconocida por toda la audiencia contemporánea. Responde a modelos prototípicos que estamos acostumbrados a asimilar con facilidad y se encuentran inevitablemente atados a una construcción maniquea de la realidad: buenos/as y malos/as, héroe/heroína y villano/villana, responsable de salvar y responsable de destruir (que a su vez debe ser destruido/a).
Como Directora de la Revista Semana, Vicky Dávila orientó un proceso de producción que explotaba constantemente estas dicotomías y estimulaba una polarización afectiva basada en este programa narrativo, como le llama Algirdas Julius Greimas, prestigioso semiótico especializado en estructuras narrativas.
Los dos casos más resonados, por el cruce constante de fronteras en el ejercicio de oposición desde el periodismo son los de Salud Hernández y María Andrea Nieto. La primera por utilizar como chivo expiatorio a una menor de edad a través de una de sus columnas escritas. La segunda por un conjunto de piezas audiovisuales cargadas de sátira, apelación a la rabia y a indignación, y burlas orientadas a la descalificación de aquellos personajes públicos establecidos por la misma revista como enemigos públicos.
Progresivamente, esta línea editorial fue cobrando un carácter personalista más marcado, al escoger dos individuos específicos como eje de la discusión: la propia directora del medio y el Presidente de la República.
En múltiples artículos, con particular focalización durante el debate por el software pegasus, la revista colocó en el centro la figura de Vicky Dávila bajo la construcción de una figura heroica, mujer “valiente” y “aguerrida” que lucha contra el mal. En paralelo, reforzó la línea editorial de los colombianos y colombianas perseguidas por una gran conspiración encabezada por el Presidente de Colombia, orientada a arrebatar las libertades de toda la población colombiana, derrumbar la soberanía nacional, garantizar la impunidad a violadores, entre una enorme multiplicidad de acusaciones con impronta emotiva e hiperbólica.
El programa narrativo utilizado resultó ser tan efectivo como poco novedoso, y se estructuró en torno al contraste de figuras antagónicas. En este caso se caracterizó por la contradicción entre la verdad (heroína) y la mentira (el villano), el profesionalismo (la periodista) y la trampa (el gobernante), la valentía (la candidata) y la mezquindad (el presidente).
Lamentablemente, el periodismo está lleno de estos programas narrativos. Su éxito consiste en la sutileza, y en las películas de Hollywood que nos ayudan a naturalizarlo, que lo hacen invisible. Se nos hace natural la asimilación de la idea, difusa la comprensión del artificio. El éxito del periodismo polarizante radica en esa opacidad.
Segunda escena: doble estatus
El 16 de noviembre del 2024, la revista termina de destapar sus cartas directamente en la portada de la revista bajo el titular “Mi carta a los colombianos, por Vicky Davila”. A través del artículo-carta, la periodista anuncia su candidatura presidencial, reiterando el programa narrativo construido con meses de anticipación:
“Esa debacle política y tantas necesidades de la gente sin resolver durante décadas, a pesar de grandes esfuerzos, le dieron la oportunidad a la peor izquierda de colarse por las ranuras de la democracia, con la careta del cambio”
En esa misma edición, puede reconocerse en los créditos el nombre de la Directora General, Vicky Dávila. La gente de bien, tenía ahora una línea de fuga, una esperanza ante la “peor izquierda”. La candidata refrenda con su firma, su sello de calidad profesional, la edición en la cual se presenta la postulación, como evidencia de la veracidad, imparcialidad y pureza ética del anuncio electoral.
Una semana después, en la nueva edición, aparecerá la firma de un nuevo director y las cartas de agradecimiento de los lectores, en las cartas que encabezan la edición impresa, serán la prueba final de la transparencia de la transición
“(...) quiero enviarles mi agradecimiento a ella y al equipo periodístico de la revista SEMANA. Juntos le han mostrado la verdad de los hechos a los colombianos con datos, evidencias rigurosas y arriesgadas investigaciones. Ahora, adelante, Vicky Dávila en esta nueva y trascendental etapa de tu vida y de Colombia (R. Semana, 23 de noviembre al 30 de noviembre del 2024).
Tercera escena: el ocaso del periodismo “objetivo”
En el ocaso de su campaña Vicky Dávila retoma sus labores en la Revista Semana como periodista, no como directora -por ahora-, y el país, transcurrido año y medio de la oficialización de su candidatura, no es el mismo. Cada vez son más los periodistas que cruzan la frontera y acumulan columnas, segmentos radiales y videos en redes sociales con estructuras polarizantes, escaza rigurosidad periodística y afirmaciones categóricas sobre partidos, comunidades, individuos aislados y familias. Las reglas de juego cambiaron y aún resulta imposible discernir a dónde nos va a llevar este proceso.
Sin embargo, lo que está en juego no es la configuración de un nosotros y un ellos, característica inerradicable de la arena política y de la vida en sociedad, como indican múltiples filósofos y analistas políticos que van desde Habermas hasta Chantal Moufee y Ana Soledad Montero -con los matices correspondientes a cada aproximación teórica-. La clave está en cómo se tramitan esa diferencias, posiciones y contradicciones, inerradicables de la vida en comunidad.
Algo bueno surge de este proceso, que en realidad excede las figuras de Vicky Dávila y de la Revista Semana -si bien fueron un detonante con la estruendosa pata que dieron al tablero en noviembre del 2024-. Nos recuerda la función política del periodismo, la humanidad que se esconde en el criterio profesional, la responsabilidad humana en el ejercicio de la profesión. Hacer periodismo, omitir un dato, brindar más minutos a una voz que a otra, priorizar unas fuentes o dedicar un tiempo adicional a conocer el relato de las víctimas, es un acto político.
La pregunta que nos vemos obligados a resolver ahora es ¿en qué términos?¿dónde está la frontera?¿Cómo reconocer la distancia entre la transparencia -entendida como reconocimiento sincero de posiciones y sesgos- y la manipulación política?
Foto: Revista Semana Digital
Periodismo sin tapujos
“Mientras que los comentarios periodísticos pueden tener orientaciones variadas en un mismo medio, las conclusiones a las que conducen las distintas noticias deben resultar coherentes entre sí en cada uno, lo que refuerza las constantes ideológicas del medio” (Arnoux, Di Stefano y Pereira, 2016: 90).
Con estas palabras, las especialistas en análisis discursivo, Elvira Narvaja de Arnoux, Mariana Di Stéfano y Maria Cecilia Pereira, al observar meticulosamente el discurso periodístico, nos obligan a detenernos para recordar la existencia de las líneas editoriales, el trasfondo ideológico que esconde la retórica de la objetividad y la neutralidad supra-humana, el supuesto mitológico del a hybris del punto cero. En el proceso reconstruyen algunos recursos persuasivos típicos de la noticia -como género discursivo canónico-, que garantizan la reproducción y preservación de las orientaciones argumentativas. Pero ante todo la coherencia ideológica que guía las decisiones de producción de todo medio de comunicación, y en la cual se soporta el contrato con sus audiencias.
La verdad es que desde Vicky Dávila hasta Daniel Coronell, tanto Salud Hernández, Juan Lozano y Néstor Morales, como María Jimena Duzán, La Terrible y Cecilia Orozco Tascón comporten una aparente contradicción común: hacen política.
La difuminación de las fronteras entre el discurso periodístico y el discurso político que se revela en las acciones de la Revista Semana y su equipo de trabajo va más allá de una candidatura anecdótica. A un año y medio del lanzamiento de la candidatura, los medios tradicionales no dejan de ponerse en evidencia y la honestidad intelectual del periodismo alternativo acumula respeto, causas y adhesiones.
Una vez más, para el periodismo aplica el mismo principio que para el resto de la ciudadanía, de la inerradicabilidad del conflicto y de la singularidad de los puntos de vista como actualización de modelos colectivos de interpretación de la realidad. El secreto de la profesión no está en la objetividad, sino en la rigurosidad, la sinceridad epistémica y, como diría Gabriel García Márquez, el ejercicio de “una ética a toda prueba”.
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