¿“AMOR LIBRE”? NO GRACIAS, MÁS BIEN NO-MONOGAMIAS CON REPRESIONES LIBERADORAS.

por Juliana Machado

Cuando arranqué este formato relacional de la no-monogamia la premisa era sencilla: si tu deseo –como mi pareja– se amplía a otras personas que no soy yo, no veo cómo eso tendría que impactar todo lo demás que somos y hemos construido juntxs. Sencillo ¿no? Pues no. Las no monogamias como ejercicio de incontinencia emocional y libidinal es una receta para el desastre; muchxs arrancan así, queriendo comerse el mundo (literal) y sostener la pareja monógama pero sin la exclusividad. Spoiler, a casi nadie le funciona esa fórmula. El problema, para mi, es arrancar desde la ficción de libertad irrestricta desde el control monógamo del deseo por otrxs: permisos, aclaraciones, vetos, jerarquías.

Las no monogamias –distinto a lo que pensaba hace unos años– no son una apuesta por ampliar mi libertad (y la de mi pareja), sino una forma de reformular el deseo, la noción de libertad y de hacerme responsable de cómo estas existen en el marco de unas restricciones, la pregunta, claramente, son cuáles restricciones y para qué.

La no monogamia no es una apuesta por tu libertad

Las no-monogamias desde una lectura anticapitalista no tendrían que buscar ampliar la libertad de los individuos, sino buscar cambiar los ejes a través de los cuales se restringen nuestros deseos para ampliar las redes de cuidados, solidaridad y goce. Desde esta lectura la no-monogamia no es tampoco una imposición moral, que se presenta como superior a la monogamia como práctica. Por el contrario, es una propuesta que permite abordar y encarnar preguntas sobre la seguridad vincular, el deseo, la solidaridad, el cuidado, y la restricción misma de la libertad.

Foto: Gaelle Marcel

Desde una mirada marxista la lectura materialista y dialéctica de la historia es la que nos indica en función de qué –y en beneficio de quién– se ha reprimido el deseo, “la represesión es un fenómeno histórico” (Marcuse, 2025, p. 36) Para Freud buscar la gratificación constante del deseo, o necesidades instintivas, es incompatible con la construcción de cultura o la vivencia en sociedad, la libertad sin restricción es –por naturaleza– antisocial; “el metódico sacrificio de la líbido es una desviación provocada rígidamente para servir actividades y expresiones socialmente útiles, es cultura” (Marcuse, 2025). Así, para Freud la historia del hombre es la historia de su represión;

Marcuse, influenciado por su lectura de Marx, le discute a Freud la cualidad “natural” de estos instintos, y más bien se pregunta por la construcción histórica de los instintos y el deseo, y por ende, deviene en la pregunta de qué tipo de sociedad construyen las restricciones que asumimos, y por ende qué restricciones queremos asumir para construir una sociedad más justa.

Volviendo a las no-monogamias, su lectura más liberal es aquella en la que esta configuración relacional renuncia a toda limitación del deseo, a toda atadura relacionada al compromiso y la mesura, y prioriza su gratificación sobre todo lo demás. Desde la lectura histórica de Freud que hace Marcuse, nada más antisocial que esto. La pregunta sería, entonces ¿cuál es el eje de restricción de la libertad que tendrían que asumir las no-monogamias para efectivamente ser resistencias al ethos liberal del capitalismo? Dicho de otra manera, cuando todo deseo es –en teoría– posible, ¿Qué podríamos elegir no hacer, qué deseo podríamos elegir no perseguir para que la no-monogamia no sea un engranaje más del mercado del deseo, en lógica de consumo?

Foto: Priscilla Du Preez

La reformulación de la libertad y el deseo como fenómenos históricos: el despojo del deseo como herramienta de sometimiento.

Un primer camino a esta respuesta podría ser la reformulación de la libertad y el deseo como fenómenos históricos. La restricción de la libertad y el deseo se corresponden con el fortalecimiento de los intereses capitalistas de explotación de la fuerza de trabajo de las mayorías vía la clase, pero también vía la raza y el género. Acá entrarían muchas preguntas pero sobre todo me interesa nombrar las que se refieren a quién tiene derecho al cuerpo, al deseo y al eros, y a quién se lo arrebataron como una forma de disciplinamiento (Lorde, 1984), qué cuerpos pueden existir en público y cuáles –al transgredir el sistema sexo-género– son considerados monstruosos, (Preciado, 2025), qué instituciones se configuran como deseables para organizar el afecto y el cuidado (Fraser, 2016, Lewis, 2022, Vasallo, 2018), y a quién le pertenece el cuidado y la reproducción de la vida (Fraser, 2016 y Federici, 2010).

La lectura sobre el deseo y la libertad es inseparable de la explotación capitalista, patriarcal y colonial. Desanclar la pareja y la familia como únicos ejes de cuidado y solidaridad pasa por preguntas fundamentales sobre las redes alternativas que se configuran y cómo estas redes pueden materializar solidaridades concretas y simbólicas, y a su vez transgredir los mandatos de género y raza más allá de las lógicas estrechas de la identidad y reconocimiento liberal.

Desde esta mirada la restricción del deseo sexual, por ejemplo, podría seguir siendo un escenario deseable, sólo que ya no desde el eje de la fidelidad como condicional de la pareja, ni como una imposición para demostrar posesión sobre el otro. O, el compromiso puede ser un deseo compartido, pero no tendría que estar circunscrito a una sola persona o acarrear un contrato simbólico de perpetuidad. La fluidez entre los vínculos, la amistad, el amantazgo, la pareja, puede ser posible, pero también lo puede ser mantener la separación entre algunos registros para procurar el cuidado del vínculo, el afecto y la solidaridad.

Así las cosas, la pregunta por la restricción de la libertad en configuraciones relaciones no monógamas anticapitalistas pasa entonces por la cuestión de la justicia, y el horizonte total de la emancipación, donde las mayorías minorizadas no están sometidas a la dominación de los más ricos en pro de su acumulación de riqueza.

Foto: Stacey Zinoveva

Cómo ha construido el capitalismo el deseo en clave de vivencia subjetiva: o la razón por la que no puedes dejar de scrolear.

Por otro lado, otra avenida podría ser la lectura sobre cómo ha construido el capitalismo el deseo en clave de vivencia subjetiva. Fisher (2024) dedica sus últimas clases, convertidas en el libro póstumo “deseo poscapitalista” a abordar la pregunta de qué implica ir más allá del deseo moldeado por el capitalismo, inundado por la necesidad de consumo, la sobreestimulación constante y la búsqueda casi compulsiva del placer instantáneo. En sus primeros capítulos Fisher reconstruye cómo el capitalismo ha moldeado lo que entendemos incluso por deseo, por placer, por disfrute. Retomando elementos de Marcuse, Fisher nos muestra cómo el capitalismo busca equiparar el placer con el goce del consumo que jamás se ve satisfecho porque siempre quiere más.

Por ende, las no-monogamias podrían articularse alrededor del principio marcusiano de abundancia subjetiva, de “hacer suficiente”, e incluso de una represión liberadora, que ponga a dialogar el deseo con el cuidado del colectivo. Esto a través de preguntas como, en qué se diferencia la búsqueda del placer por sí misma con sólo mi interés en mente, a la búsqueda del disfrute-placer con un otro a quien al considerarlo sujeto busco procurar no sólo su cuidado, sino el cuidado de la red que nos rodea. O, cómo contemplan los famosos “acuerdos no-monógamos” a aquellos con quienes no tengo vínculos sexuales o románticos. O, cómo profundizamos la solidaridad y el cuidado cuándo no se cruzan por líneas de pareja, de encuentros sexuales o románticos. En suma, cuáles son las restricciones que todo eso pone sobre la mesa.

Foto: Mauro Mora

Abrebocas a la lectura marxista de la libertad: la no explotación no quiere decir la no restricción.

Finalmente, otra vía puede ser por una posible lectura marxista de la libertad. Frente a esto, Arruza (Jaffe, 2017) dice: “la preocupación central y el problema guía de Marx a lo largo de su vida y su obra fueron, en efecto, la libertad, más que la igualdad.” (p. xi [traducción propia]), pero ¿libertad para qué? Jaffe (2017) diría que la libertad es un ejercicio de desalienación, es decir, libertad para hacer uso de nuestra propia fuerza de trabajo sin vernos separados del producto de nuestro trabajo, del proceso de trabajo y de otras personas a través de quién está en una posición donde debe vender su fuerza de trabajo para sobrevivir y quién está en la posición de explotarla para lucrarse.

Para hacer uso de nuestras fuerzas de trabajo no sólo necesitamos de otros solidariamente, sino que la reproducción de esas fuerzas de trabajo, y de la vida misma, nos implica un estar en colectivo que no esté atravesado por la explotación, aunque sí por la restricción de nuestra libertad. Por ende, esa libertad de la que teorizan Arruza y Jaffe no podría, desde mi mirada, equipararse a la lectura de la libertad liberal hegemónica y tendría que reformularse desde el sujeto que se reconoce parte de un colectivo, y no un individuo cuyos deseos le pertenecen solamente a sí mismo.

Reconciliarnos con la represión del deseo: un cierre.

En conclusión, la búsqueda de ampliar la libertad por medio de las no-monogamias tiene sentido en el contexto actual de restricciones que se alinean con los ejes de explotación capitalista, patriarcal y colonial. Sin embargo, la búsqueda de esas formas relacionales en clave anticapitalista debe reconciliarse con la represión del deseo y buscar encarnar represiones liberadoras que prioricen el cuidado-en-colectivo por encima de la gratificación individual. Esto contempla la enorme tarea de la reformulación tanto del deseo mismo como de la libertad poscapitalista.

Foto: Youssef Naddam

Referencias

Federici, S. (2010). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.

Fisher, M. (2024). Deseo postcapitalista: Las últimas clases. Caja Negra Editora.

Fraser, N. (2016). Las contradicciones del capital y los cuidados. New Left Review, (100), septiembre–octubre. https://www.newleftreview.es/

Jaffe, A. (2020). Social reproduction theory and the socialist horizon: Work, power and political strategy. Pluto Press.

Lewis, S. (2022). Abolish the family: A manifesto for care and liberation. Verso Books.

Lorde, A. (1984). Uses of the erotic: The erotic as power. En Sister outsider: Essays and speeches. Crossing Press.

Marcuse, H. (1983). Eros y civilización (trad. J. García Ponce). Editorial Ariel.

Preciado, B. (2005) Gigantas/ Casas/ Ciudades, apuntes para una topografía política del género y de la raza. En Arte-Contexto Dossier, (p. 8-15).

Vasallo, B. (2018). Pensamiento monógamo, terror poliamoroso. La Oveja Roja.

Para ponerte en contacto escríbenos a [email protected]